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Buenismo farmacia

El buenismo en la farmacia comunitaria española.

Tengo la suerte de ser farmacéutico comunitario, has leído bien, la suerte. Conforme pasa el tiempo me doy más cuenta de la gran labor, única e
irrepetible, que se realiza cada día desde las Farmacias Comunitarias españolas. Ojalá otros pudieran decir lo mismo. Uno de los “peros” y por tanto, una de las oportunidades de mejora radica, bajo mi humilde punto de vista, en la excesiva bondad de los farmacéuticos comunitarios españoles. Ahora te cuento el por qué este artículo sobre el buenismo en la farmacia comunitariaBuenismo farmacia

Hoy he voy a hablar de mi profesión, algo que me da respeto a la vez que me entusiasma. Hay miles de farmacéuticos comunitarios en España, cada uno es hijo de su padre y de su madre. Cada uno se levanta cada mañana y acude a trabajar con unos problemas, con una situación personal. Quitando de lado lo humano, hay algo divino en este sector: la confianza. Conozco a cientos de farmacéuticos comunitarios y la opinión general (aún a fuerza de caer en un error de bulto al generalizar) es que son, además de buenos profesionales, buenas personas. La población confía en su farmacéutico comunitario, ese profesional sanitario que está pendiente de muchas cosas, como la dispensación de sus medicamentos, la consecución de resultados en salud de los usuarios de las farmacias comunitarias donde trabajan y muchas otras cosas que no siempre son visibles.

Pero, siempre hay un pero para todo, pecamos, por lo general de buenismo. ¿No te suena este término? Si nos ceñimos a lo que dice Wikipedia, Buenismo es un término acuñado en los últimos años, y aún no recogido en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua para designar determinados esquemas de pensamiento y actuación social y política como el multiculturalismo y la corrección política) que, de forma bienintencionada pero ingenua, y basados en un mero sentimentalismo carente de autocrítica hacia los resultados reales, demuestran conductas basadas en la creencia de que todos los problemas pueden resolverse a través del diálogo, la solidaridad y la tolerancia. Somos, como acuñan los ingleses “do-gooder”.

Siguiendo el hilo del buenismo en la farmacia comunitaria española, creo que es recomendable parar, en este punto, y leer un artículo con el que estoy muy de acuerdo. Os recomiendo su lectura. Alguno de los arribistas y “tiburones” que se ciernen sobre la farmacia española no se verán, por desgracia, identificados con este artículo de Yorokobu, una de las mejores revistas culturales que han emergido en la España del siglo XXI. Ignasi Giró firmó el artículo.

Voy a mojarme, de la farmacia comunitaria española se aprovechan muchos, demasiados. Es una profesión que está llena de excelentes personas y profesionales, pero está llena de aprovechados, sátrapas, arribistas que pretenden hacer negocio a costa de la buena fe y los tópicos que siempre han sobrevolado a la farmacia comunitaria española.

Entre este grupo de hay gente que tiene la misma licenciatura o grado que yo, no confundir con compañeros, no se merecen tal honor. Este grupo lo forma gente del mundo de la farmacia comunitaria, hablamos de aquellos que se creen por encima de la ley, de lo ético, o que basan su capacidad de crecer y prosperar en esta vida pisando a los demás, ¿es necesario? Pero también comparten estatus algunos licenciados de fuera de la farmacia comunitaria, gente que cree tiene sus propios intereses, sus manías, sus inquinas. Otro de sus motivos es hacer más grande su chiringuito, aunque sea a costa del paciente, sólo miran su ombligo y son capaces de destruir el sistema actual en su propio beneficio. Mis compañeros, los que comparten licenciatura, pero no están englobados en el grupo que os acabo de mencionar, confían en ellos por el mero hecho de que en su título universitario figura “Licenciado en farmacia”, y no, no todos somos iguales.

La segunda pata podría englobar a todos aquellos que tienen algún tipo de intercambio económico, negociación o relación con la farmacia y que, por el mero hecho de ponerle a una frase, solicitud, presupuesto o documento la coletilla “farmacia comunitaria” se aprovechan. Y lo hacen de muchos modos: encareciendo el producto, “colando” productos o servicios innecesarios, intentando entrar en el juego para aprovecharse de la confianza del farmacéutico comunitario. Ya sabéis, o podéis imaginar, a quién me refiero.

Pero nos faltan los peces gordos, los verdaderos actores ocultos, o no tan ocultos, que quieren cambiar las reglas del juego. No me llaméis conspiranoico, pero el melón es suculento y los lobbies quieren que la cosa cambie. Lo están haciendo de muchas maneras:

  • Aplicando aquello de si no puedes con el enemigo únete a él. Algunos farmacéuticos se están prestando a ello. Creen que van a beneficiar a su gremio pero sólo están siendo estiletes de un poder mayor. Nos intentan hacer creer que así salvan a la profesión, pero sólo buscan prosperar en sus carreras, políticas, profesionales y/o económicas.
  • Ahogando a los pequeños. Es un argumento que les vale mucho: menos pequeños es igual a más grandes, más grandes más ricos, más fácil es que cale entre la opinión pública cierto mensaje calado de tópicos.
  • Muchos otros motivos. No voy a entrar a valorar en detalle todos los motivos. Ya hay hasta libros al respecto, como el de Eduardo Litrán “Tiburones en la farmacia”. Un libro que tengo pendiente.

¿La solución? Ya os dije que el nuevo rumbo del blog iba a ser un poco más atrevido. No digo que haya que acabar con la bondad, las buenas intenciones. Los malos no pueden con los buenos, o eso nos inculcó Hollywood. Aunque hay días en los que no lo tengo tan claro. Identificadas las amenazas toca reducir el buenismo, abrir los ojos y tomar decisiones. Ahí van 5 consejos que pueden ayudar a acabar con estas amenazas y con el buenismo:

  • Mantén tu integridad. Por principios, por ti. Lo mejor que te puede pasar es ser una persona íntegra. Ganas tú y ganamos todos.
  • Desconfía de los lobos con piel de cordero. ¿Cómo verlos venir? Si ves a alguien que se le llena la boca al hablar de la farmacia comunitaria pero nunca ha movido un dedo desconfía. Esto está lleno de magos de las buenas palabras, mucho consenso, mucha colaboración, pero a la hora de la verdad te la clavan en cuanto pueden.
  • Desenmascara a quien se lo merezca. Sea por mala praxis, engaño, injusticias. Hoy es más fácil que nunca contarle al resto de la comunidad quién hace qué, y no sólo acudimos a las redes sociales a contar bondades. Los árboles crecen más fuertes tras una poda.
  • Apoya a quien creas que defiende tus intereses. Aún corriendo el riesgo de equivocarte, todos lo hacemos. Afortunadamente para la profesión, y para los pacientes, hay gente, sectores, sociedades y organizaciones que defienden los intereses de la farmacia. Como todas, se equivocan a veces, pero es importante para ellas sentirse reforzadas.
  • Sé consciente del mundo el que vives. Aquí no se trata de desconfiar, sino de informarte de la actualidad, saber en qué escenarios se juega la partida y dónde es importante mantenerse fuertes. Esto es cosa de todos.

En resumen, ya vale la tontería. Es hora de despertar y salir de ese buenismo, es necesario despertar y ser conscientes de la importancia de abrir los ojos, formarse y cargarse de evidencia para defender, entre todos, a la farmacia comunitaria y a ese maravilloso profesional que es el farmacéutico comunitario. Siento haberme puesto así de negativo, pero hay semanas en las que te llevan al extremo. Voy a parafrasear a Ignasi Giró en el artículo de Yorokobu para terminar esta entrada:

¿Acabará el «Buenismo» logrando que incluso los buenos se confundan y se peleen entre ellos? Ni idea. Todo dependerá del acierto que tengamos diferenciando a los unos de los otros.